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HOMILÍA EN LAS VÍSPERAS DEL 2 DE SEPTIEMBRE 2015 - Peregrinación Interrreligiosa

Peregrinación Interreligiosa del Camino de Santiago
Monasterio de Santa María de Carbajal (León)

Hermanas y hermanos:

Quisiera, en primer lugar, expresar mi respetuoso saludo a todos los participantes en esta I Peregrinación Interreligiosa del Camino de Santiago, a las confesiones religiosas representadas y a sus dirigentes. En el espíritu de la bula de convocatoria del Jubileo de la Misericordia del papa Francisco que nos invita a la apertura a los demás, especialmente al que sufre, y en el recuerdo de aquel encuentro de Asís en 1986, que promovió el querido papa san Juan Pablo II, haciendo que los representantes de las religiones del mundose reunieran para rezar, unos junto a otros, para construir un mundo más humano, más justo y más fraterno, deseo a todos que se haga realidad el objetivo de esta peregrinación sintetizado en el lema: “Un mundo diferente es posible”.

El fragmento de la I Carta del Apóstol San Pedro (5, 5b-7) que se acaba de proclamar es muy válido para toda persona creyente y religiosa. Contiene primero una invitación a poner en práctica dos grandes virtudes: la humildad y el amor. Y, finalmente, una exhortación a la confianza en Dios. El mensaje parece estar destinado a los miembros de una comunidad concreta a los que el apóstol exhorta a mantener una permanente relación de servicio mutuo, en la que prime ante todo la humildad basada, en definitiva, en el abandono filial de cada uno en la providencia del Padre celestial, el Dios que, en palabras de Jesucristo, alimenta a los pájaros del cielo, viste a los lirios y a las hierbas del campo (cf. Mt 6, 26 ss.).

Revestirse de humildad viene a ser, realmente, impregnarse de belleza, de la belleza espiritual e interior que cautiva, en primer lugar, a Dios mismo que rechaza a los soberbios y da su gracia a los sencillos de corazón. El servicio mutuo, constante, desinteresado, amable y gozoso, es la señal que denota la existencia de la verdadera humildad.  Quizás el autor de la carta pensaba, al escribir esta exhortación, en la actitud de Jesús en la última cena con sus discípulos, cuando les lavó los pies y dijo: Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13, 15).  Tal es el modelo que debemos imitar los que anhelamos un mundo mejor y una sociedad sin fronteras de ningún tipo, tampoco religiosas, donde primen el respeto, el reconocimiento de todo lo que hay de bueno, de verdadero, de hermoso en cada persona y, si es necesario, también el perdón y la reconciliación.  

Finalmente el apóstol nos invita a descargar en Dios nuestras preocupaciones, nuestro agobio, nuestras dudas y temores, nuestras limitaciones de todo tipo. Solo Dios juzga con verdad. Los hombres nos equivocamos la mayoría de las veces. Él es el que cuida de todos con su “mano poderosa” (1 Pe 5, 7). Esa mano que es símbolo del eficaz despliegue del poder divino, nos humilla en algún momento, sobre todo cuando nos apartamos de la senda de la verdad y del amor, pero es también la mano que “levanta del polvo al desvalido y alza de la basura al pobre”  (Sal 113 [112], 7). Aquí radica también nuestra confianza, porque Él cuida siempre con amor de sus hijos.

Hermanas y hermanos peregrinos: Como suele decirse en estas tierras cuando se ve pasar a un caminante: ¡Buen camino, buena gente! Que así sea. 

+ Julián, Obispo de León

Plaza de Regla, 7 * 24003 León (España)
Telf: 987 21 96 80 - Fax Secret.: 987 26 06 65
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