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2016 - DOMINGO II DE ADVIENTO (Año A)

L aniversario de la creación de la parroquia de San Lorenzo (4 diciembre 2016)

Is 11,1-10 (Sal 71)      Rom 15,4-9          Mt 3,1-12

Estamos celebrando con la alegría propia del tiempo de Adviento los primeros 50 años de la parroquia de San Lorenzo, erigida por mi predecesor Mons. Luis Almarcha en la significativa fecha del 8 de diciembre de 1966, solemnidad de la Concepción Inmaculada de María, en este popular barrio leonés de “La Palomera”, habitado en tiempos pasados por labradores y extramuros de la capital resguardada -así lo parecía- por el flanco noreste de sus murallas, como puede verse todavía en fotos y postales antiguas. Hoy el barrio tiene otro aire más cosmopolita, al que sin duda habrá contribuido también la labor pastoral desarrollada desde la parroquia por los Padres CaRomelitas, llegados en 1952, y los fieles laicos colaboradores.

La misma iglesia parroquial, de factura moderna, amplia y acogedora, que se levantó sobre el que fuera pequeño templo de “San Laurencio de la Payana”con meritorios arcos románicos desaparecido en 1954 y el nuevo convento anexo a la iglesia desde 1953 nos hablan de una presencia eclesial comprometida en la promoción social y religiosa de la zona bajo el amparo de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, cuyos nombres no podían faltar en el callejero local. La parroquia está vinculada hoy al arciprestazgo de Nuestra Señora de Regla y tiene presencia en la Semana Santa leonesa con la Cofradía del Cristo del Gran Poder (1994), la más joven de las 16 que integran dicha Semana Santa.  En la parroquia tienen su sede también el Grupo juvenil “Juslema” y otras asociaciones de carácter religioso. Reciba, pues, la comunidad parroquial una cordial felicitación y estímulo con motivo de este aniversario. Estamos en Adviento y todo está impregnado de esperanza.

1. La buena noticia del Adviento en la liturgia de hoy     

Efectivamente, en las lecturas que acabamos de escuchar resuena una buena noticia que nos debe llenar de alegría. El Adviento no es un tiempo  litúrgico triste sino todo lo contrario. Nos convoca para que nos preparemos con gozo a las celebraciones de la Navidad y gustemos ya lo que significa la llegada de Dios hecho hombre a nuestra vida, a nuestra historia y a la de este barrio y parroquia. En la I lectura el profeta Isaías empleaba una imagen muy expresiva: en el viejo tronco de un árbol que parecía muerto -el tronco de Israel-, brotará “un renuevo”, una ramita insignificante pero llena de vigor, indicio de que todavía hay vida en el árbol. Esa ramita es el Mesías esperado, el enviado de Dios. Sobre él descenderá el Espíritu del Señor con todos sus dones (cf. Is 11,1-2). Y vendrá a nosotros  para defender a los pobres y para hacer que reinen la paz y la justicia entre todos. La lectura describía un panorama idílico, un nuevo paraíso en la tierra.

También san Pablo, en su carta a los Romanos, nos anunciaba que “el Dios de la paciencia y del consuelo” (Rom 15,5) quiere que mantengamos la esperanza, que nos acojamos “mutuamente, como Cristo (n)os acogió” y que le glorifiquemos con nuestra vida practicando precisamente la misericordia (cf. 15,4.7.9). Por su parte el evangelio nos recordaba el comienzo de la predicación de Juan el Bautista, todo un acontecimiento en su tiempo como puede serlo también para el nuestro, si de veras escuchamos hoy la “voz que grita en el desierto” (Mt 3,2), no el desierto real donde falta el agua y no hay más que arena y desolación, sino el desierto de nuestro olvido de Dios y de la fe. Aquí es donde Juan el Bautista hace oír de nuevo su voz: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos... Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos” (3,2.3b).

Escuchemos también la voz de nuestra conciencia que nos reprende interioRomente para que volvamos al camino del bien y demos frutos de verdadera conversión a Dios. A todos nos gusta y agrada que alguien nos dé buenas noticias que escuchamos con gusto y satisfacción, para que infundan un poco de optimismo y de alegría en medio de una sociedad que parece aportar tan sólo infoRomaciones de accidentes y desastres. Todos necesitamos escuchar algo estimulante en nuestra historia particular, que no siempre es gloriosa y esperanzada.

2. El anuncio gozoso de la Navidad, ya cercana

El mensaje de Juan en este domingo es una de esas buenas noticias porque anuncia la cercana Navidad, “fiesta de gozo y de salvación”. La Navidad es anunciada también en estos días inaugurando la iluminación en las calles y los anuncios del comercio en los escaparates. Pero nuestro anuncio es de otra naturaleza. Nosotros, los cristianos, damos importancia sobre todo al misterio que  vamos a celebrar: la gran noticia de que Dios se ha hecho uno de nosotros, que se ha acercado a nuestra vida para siempre.

Ahora bien, esta buena noticia es comprometedora porque es exigente y nos presenta un programa lleno de dinamismo. La primera consecuencia que Juan el Bautista nos ha invitado a sacar de su anuncio de la cercanía del Reino es esta: "convertíos" y "preparad el camino del Señor, allanad sus senderos". No hace falta que seamos unos grandes pecadores. A todos nosotros, desde nuestra existencia concreta se nos pide en vísperas de la Navidad, para poder celebrar como merece la venida de Cristo Jesús a nuestra existencia, que nos convirtamos verdaderamente a él y que reorientemos nuestra vida.

La venida del Señor es portadora de esperanza y de salvación. Pero también lo es de juicio y discernimiento. Se nos dice que, cuando venga, nos bautizará con Espíritu Santo y fuego, porque viene para cambiar lo que no va bien, para destruir el pecado, purificar nuestras conciencias y transfoRomar nuestras actitudes. Las imágenes que emplea el Bautista son claras: el hacha ya está apuntando a la base de los árboles inútiles, el fuego está dispuesto para quemar lo que sobra, el segador tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja. Son imágenes familiares para el que las ha visto en las labores de la agricultura, pero todos pueden entender que exigen una conversión profunda de actitudes.

3. La Navidad contiene una llamada a la esperanza y al cambio de vida

El Adviento y la Navidad, con ser la fiesta de la venida salvadora de Dios es, a la vez, una invitación a que tomemos en serio su llegada y le hagamos sitio en nuestro proyecto de vida. Después de la Navidad no puede quedar todo igual que antes en nuestras personas ni en nuestras comunidades. Para esto hay que abrir caminos y allanar senderos.

¿En qué direcciones se nos invita a cambiar? El salmo responsorial nos ha hecho cantar una frase que resumía muy bien las promesas del profeta Isaías: "que en sus días (cuando llegue Jesús, el Mesías salvador) florezca la justicia y la paz abunde eternamente". Justicia y paz son los distintivos de los días del Mesías, o sea, de nuestro tiempo. Es lo que estamos llamados a procurar. El profeta decía que el enviado de Dios hará justicia ("no juzgará por apariencia: defenderá con justicia al desamparado") y que reinen la paz y la concordia ("habitará el lobo con el cordero"). Oyendo esto se da uno cuenta de que la Navidad de hace dos mil años, cuando Jesús nació en Belén, fue la inauguración de un tiempo nuevo que aún peRomanece abierto. Porque todavía tenemos mucho que crecer en justicia y en paz. Todavía hay mucho que cambiar en nuestra vida personal, familiar y comunitaria, tanto en la Iglesia como en la sociedad, para que se pueda decir que ya estamos en los días del Salvador, días de justicia y de paz.

También san Pablo nos invitaba a este crecimiento en la concordia y en la paz: "que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios” (Rom 15,5-7). Si algo cambia nuestra vida en este Adviento, como sugiere san Pablo, si conseguimos que haya más comprensión y armonía en nuestras familias o comunidades, si empezando por nosotros mismos se ve que hay más justicia en nuestras relaciones con los demás, habrá valido la pena preparar y celebrar la Navidad de este año de gracia de 2016, en el 50º de vuestra parroquia que emprende así el futuro con decisión, alegría y esperanza.

+ Julián, Obispo de León

Plaza de Regla, 7 * 24003 León (España)
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